Las Causas del Sufrimiento

 

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Nadie puede considerarse realmente libre si su voluntad está sometida a cualquier clase deseo, por ello, realmente, nadie es libre, porque nadie está exento de deseos, miedos  y necesidades.

Hemos de considerar  dos tipos de deseos y miedos: aquellos que no generan ansiedad ni ningún tipo de  obsesión o adición o compulsión y aquellos qué sí lo hacen.

La raíz del deseo y del temor o miedo, es el cuerpo físico. Por causa de él nuestra mente está llena de deseos y miedos. Algunos de ellos podemos considerarlos como necesidades del cuerpo, pero en realidad siguen siendo deseos porque, en realidad son hábitos que hemos desarrollado a lo largo de miles de años pero que han terminado convirtiéndose en una necesidad genética, como es el comer o el dormir. A primera vista,  no podemos considerar un simple deseo la necesidad de comer o dormir, porque, aparentemente, son esencialmente necesidades.

Dentro de estas necesidades del cuerpo, que condicionan y dominan nuestra mente está el deseo sexual, bien sea como una necesidad instintiva de reproducirnos, como les sucede a los animales, o bien sea por el deseo de placer, cosa que solo le sucede a la especie humana. Los animales copulan para reproducirse y en unas épocas determinadas por la propia naturaleza.

No hay mayor cárcel ni mayor infierno que el estar sometido a una adicción que anula totalmente cualquier principio ético de nuestra mente humana y que te lleve a cometer acciones que pueden causar sufrimiento a uno mismo y a los demás, como es el matar, el robar y violar o forzar a un ser más débil o a delinquir de alguna manera.

Manuel Vázquez.

 

El ego,  las sensaciones, los deseos.los miedos y las enfermedades del cuerpo y de la mente.

Si queremos comprender los deseos y los miedos que controlan nuestra mente, tenemos que comprender cuál es el origen de estos. El origen de los miedos y los deseos son las sensaciones que percibimos, sean estas agradables o desagradables, a través de los sentidos de nuestro cuerpo, es decir, el origen del deseo y el miedo son las sensaciones.

A lo largo de miles de millones de años de evolución y transformaciones diversas, todos los seres humanos hemos desarrollado hábitos y adiciones originados por las sensaciones del cuerpo, hasta tal punto de que somos capaces de matar o aniquilar a otros seres para poder disfrutar u obtener aquello que deseamos o necesitamos, incluso a seres de nuestra propia especie.

Somos capaces de esclavizarlos, humillarlos, despojarlos de sus propios derechos a conseguir lo que necesitan, como es el alimento, el descanso, el abrigo, el bienestar y la propia vida.

No hace falta fijarse en el mundo animal para comprobar esto, nosotros competimos al igual que los animales, para tener supremacía, poder y bienestar. Si bien, en el mundo animal esta lucha está limitada a unos límites razonables por un instinto y leyes naturales, en el ser humano  este instinto puede rebasar todo límite más allá de lo insospechado, más allá de lo que es natural.

El ser humano ha llegado a maneras extremadamente refinadas de perversión para poder disfrutar de supremacía y ha utilizado su mente para generar sufrimiento más allá de lo razonable y comprensible. La causa de ello es el deseo y el apego o adicción a las cosas que nos generan un placer y bienestar físico emocional o mental y por otro lado también, el rechazo, la aversión y la fobia hacia aquello que nos genera una sensación física emocional o mental desagradables.

Queramos o no reconocerlo, todos los seres humanos y no humanos somos víctimas de las sensaciones, somos esclavos de las sensaciones, no hay nadie que pueda sentirse libre, por mucho poder y supremacía o privilegio que pueda haber adquirido sobre los demás, el ser humano es esclavo de su propio cuerpo y víctima del verdugo de las sensaciones y de las emociones así como de los pensamientos.

El ser humano no es libre de ninguna manera, mire como se mire y disfrace como se disfrace, utilizando vestimentas, estatus u otro tipo de camuflaje, como la personalidad.

¡Es como una víbora, cuyos dientes se han adornado con perlas y diamantes: “sea cual sea su sonrisa, el veneno es siempre el mismo”!

El veneno oculto del ego

Lo que el ser humano esconden detrás de su apariencia humana es lo que llamamos: “El veneno del ego”.

Las garras del ego

        Las garras del ego

Si alguien piensa que por el hecho de nacer con apariencia humana es humano, se equivoca. La apariencia física, ni el hecho de andar erguido sobre dos piernas han convertido al bípedo humanoide en ser humano.

Detrás de nuestra apariencia y de todo aquello que hemos creado y nos hacen creer diferentes al resto de las especies, existe el ego animal, el instinto feroz de cualquier animal, de la peor de las bestias que puede existir dentro del reino de la naturaleza. Ni siquiera el peor de los animales en la naturaleza es capaz de hacer lo que el ser humano es capaz de hacer para mantener su supremacía, su propio y personal bienestar.

Este comportamiento inhumano y egoísta está causado por el ego, de ahí el nombre de egoísmo.

El ego se forma a raíz de las experiencias y sensaciones agradables y desagradables que experimenta nuestro cuerpo.

El ser humano ha desarrollado infinidad de egos y todos ellos están relacionados con el deseo de experimentar placer y bienestar así como con su antítesis, su otra cara, el miedo. El miedo es el deseo de no experimentar o de no tener aquello que no nos genera bienestar o sensaciones no placenteras que consideramos como desagradables o lastimosas y traumáticas. Es también producto de aquello que representa o constituye un riesgo o amenaza a nuestra supremacía y a nuestros privilegios. El miedo es también producto de la ignorancia y de aquello que desconocemos. El miedo genera rechazo, ira, odio, temor, desconfianza, fobia, agresión, antipatía, malestar, inquietud, ansiedad, ataque, lucha, violencia, represión, rencor, odio…ya sea sobre nosotros mismos o hacia los demás.

El miedo puede generar un rechazo sutil e inconsciente, pero en algunos casos, como el deseo, puede tomar un cariz compulsivo u obsesivo o maníaco, al igual que ciertos deseos. En estos casos, el miedo y el deseo enferman al ser humano, lo desposee de la capacidad de contenerse de manera consciente y voluntaria dentro de unos límites razonables, la persona se vuelve enferma y entonces, su vida se tornan en un infierno de mucho sufrimiento del que no sabe cómo salir.

Lo habitual es, entonces, que recurra a las drogas, al alcohol, o algún tratamiento médico a base de antidepresivos o ansiolíticos, pero nada de estas cosas le permiten comportarse de manera serena y equilibrada, pues la ansiedad y la inquietud siguen detrás, atormentándonos.

Por mucho que nos sedemos o intentemos de cualquier otra manera sedar nuestro subconsciente, no es posible solucionar nuestros problemas, porque las causas siguen y seguirán ahí, esperando que las comprendamos y les hagamos frente de manera consciente y comprendamos su verdadero origen, sin prejuicios, sin represión ni miedo alguno, sin preceptos de índole ético o religioso.

Las causas pueden y suelen estar más allá de cualquier disfraz  convención social que queramos poner delante del origen de nuestros problemas. Hay que descubrir las causas, el origen, sea cual sea, sin avergonzarse ni acomplejarse ni sentirse culpables de ninguna manera, entre otras cosas, porque nadie está libre de que su subconsciente le haga ver lo que realmente es y porque no hay nadie que no haya generado y creado ego, egoísmo.

Recordemos la siguiente frase: ” El que esté libre de error que tire la primera piedra”.

Hablando a nuestro subconsiente

Bien, dejemos de lado por un momento este preámbulo, que nos servirá más adelante para tratar o hablar de otros temas interesantes. Intentemos ahora respondernos algunas preguntas, necesitamos encasillar o definir con la mayor exactitud posible, el origen de nuestro problema.

A continuación vamos a enumerar una serie de preguntas. Si lo deseas, escríbelas en un papel o cópialas y trata de responder cada una de ellas con la mayor exactitud y si no estás seguro o no sabes la respuesta, déjala o déjalas de momento en blanco. Tal vez ahora no tengas la respuesta, pero eso no significa que más adelante no puedas hacerlo. No trates hacerlo de memoria, es importante que las escribas y las contestes de manera que puedas leer posteriormente lo que has contestado y a qué has contestado. Léelas de vez en cuando, te servirá para que tu subconsciente te ayude a meditar y reflexionar y a encontrar la respuesta precisa. Mantén las preguntas y las respuestas guardadas sin que nadie las mire, son algo totalmente personales e íntimas, una cuestión a resolver entre tú y tu propio subconsciente. Por ello, nadie debe influir o intervenir en este proceso, ni siquiera tu mejor amigo, pareja o psicólogo. No hay mejor psicólogo y amigo y consejero que tu propio subconsciente. Sólo es cuestión de formularnos a nosotros mismos ciertas preguntas de las cuáles deseamos o necesitamos encontrar una respuesta. Acostumbrémonos a hacer esto. La respuesta puede venir sin darnos cuenta en cualquier momento, incluso durante los sueños. Hablemos a nuestro subconsciente  como si fuera una persona y preguntémosle de esta manera:

Subconsciente, amigo, dime:

¿Qué hay detrás de nuestra ansiedad o inquietud, qué es lo que nos inquieta?, ¿Miedo, deseo, incertidumbre, ansia, descontento, codicia, envidia, complejos, ambición, algún tipo de presión psicológica familiar o social?¿Estamos condicionados o presionados por deseos ajenos a nuestra voluntad?¿Existe algún tipo de conflicto entre lo que hacemos y lo que realmente pensamos o deseamos?¿Existe algún tipo de presión o represión  que  nos impide hacer o aceptar o ver qué es lo que realmente queremos o deseamos?¿Existe algún tipo de presión o represión moral, ya sea social o familiar o algún tipo de limitación económica o de salud o de otra índole?¿Hacemos lo que realmente deseamos, actuamos de acuerdo a nuestros propios principios?¿Existe el ánimo de auto inculparnos o el deseo de responsabilizar a alguien o a algo de nuestra situación o de nuestros problemas?¿Existe algún tipo de trauma acontecido que nos hace infelices y que no nos deja vivir y actuar de manera correcta en el presente? ¿Existe algún trauma que nos impulsa a ser de una determinada manera? ¿Estamos llenos de odio, rencor, deseos de destruirnos y aniquilarnos o deseos de aniquilar todo lo que nos rodea, deseos de venganza?

Subconsciente, amigo mío, por favor, respóndeme, ayúdame, dame una respuesta a cada una de mis preguntas, dime que podemos hacer para solucionar todos los problemas por los que atravieso, dime cuál es manera en que puedo ser feliz, dime qué es lo que realmente necesito.

Formulemos estas preguntas y nuestra petición a nuestro subconsciente antes de acostarnos y al levantarnos, analicemos de qué manera nos levantamos, con qué estado de ánimo, con qué predisposición, intentemos recordar nuestros sueños y si es posible, escribamos aquellos que recordamos con claridad, ya sea en parte o en su totalidad. Podemos hacer un diario si lo deseamos, es más, es importante y sumamente interesante. Lo sueños son un medio de comunicación entre el subconsciente y nosotros, es importante grabar o registrar de algún modo las conversaciones  que tenemos con nuestro mejor amigo y consejero. Nadie sabe más de nosotros, acerca de nuestro pasado y acerca de nuestro presente y de nuestro futuro que nuestro propio subconsciente y por ello, nadie puede aconsejarnos sobre qué es lo mejor o sobre lo que no es  mejor, sobre qué es adecuado o no lo es, qué es o no aconsejable, qué estamos haciendo bien y qué estamos haciendo mal.

Las drogas, intoxicantes y medicamentos psiquiátricos

Hay algo importante que debemos saber acerca de esto. ¡No es posible comunicarse adecuadamente con nuestro subconsciente y recordar nuestras conversaciones si tomamos drogas, alcohol o cualquier tipo de sustancia que altere nuestra percepción, esto incluye, en ciertos casos, la toma de ciertos medicamentos que sedan el cerebro o lo excitan de alguna manera, como los medicamentos para dormir o para eliminar la ansiedad y los antidepresivos asesinos del cerebro, que los médicos psiquiatras ensayan en  las personas como si fueran cobayas o conejillos de indias y cuyos efectos secundarios son más temibles que los propios síntomas que desean combatir.

Soy partidario, de que todo médico o psiquiatra que obligue a alguien a tomar esos medicamentos y no sean capaces de darse cuenta del sufrimiento y el infierno a que someten a sus pacientes con sus experimentos, sean obligados a tomar el mismo tratamiento y que sientan lo mismo que sienten sus víctimas, para que se enteren de una vez que lo único que hacen es eso, experimentar y ensayar y generar mayor daño todavía y convertir a las personas en inválidos mentales irrecuperables, por el daño y las lesiones que causan en el cerebro.

Hace mucho tiempo, debido a ciertas razones que vienen desde mi infancia y de mi adolescencia, se me ocurrió ir a un médico porque tenía problemas de depresión y ansiedad. Me recetó un antidepresivo del tipo “tricíclicos” y casi que me obligaba a tomarlo, hasta que le dije que lo tomara el mismo para que supiese lo que se sentía al tomar ese veneno.

Lo peor de este asesino es que se creía con el derecho a obligarme a tomarlo y quería ingresarme para asegurarse de que tomaba su veneno. Pues bien, me cambié de inmediato de médico y decidí tratar mi problema con otro médico diferente y tuve la suerte de dar con alguien realmente sensato y honesto.

Le expliqué mi problema y lo primero que me dijo fue que dejara de tomar el antidepresivo. Le pedí, además, que me enviase al psicólogo y la respuesta literal fue esta:

Llevo casi toda mi vida ejerciendo mi profesión como médico y puedo asegurarte que de todos los pacientes que han venido a mi consulta por problemas de mayor o menor índole que tu problema y a los cuáles, en su día, derivé a la consulta de un psicólogo o psiquiatra, ninguno de ellos se ha curado y es más, la mayoría acabaron convirtiéndose en verdaderos inútiles mentales, sin posibilidad alguna de recuperación, incluso, aquellos que sólo tenían problemas comunes de personalidad y que podrían haber mejorado si hubiesen buscado alguna otra alternativa. Le escuché atentamente y me contó el caso de alguien que mandó al psicólogo porque tenía algunos problemas de relación con su pareja y por causa de esto, tenía problemas de ansiedad y depresión y no podía dormir.

Al cabo de unos días, este paciente volvió a mi consulta y me dijo:

Es la primera y la última que voy a un psicólogo, especialmente si son todos iguales a éste. Lo primero que hizo fue hacerme un montón de  preguntas, test de personalidad y finalmente me dijo que tenía que tomar unas pastillas y que pasase lo que pasase, tenía que tomarlas,  porque los resultados no se sentirían sino las tomaba después de un tiempo. Las tomé unos días y creí que me volvía realmente loco. Cuando volví de nuevo a la cita con él, le dije que las tomara él y entonces, todo ofendido, empezó a gritar y me amenazó con ingresarme. Por un momento pensé en agarrarlo por el cuello y sentarlo en su silla para que se tranquilizase, pues lo estaban escuchando en toda la planta de su consulta. ¡Menos mal que no lo hice, porque seguro que hubiese llamado a la policía y yo hubiese acabado encerrado en un psiquiátrico en medio de locos como él!

Cuando mi paciente me contó esto, empezamos a reír y le dije: ¡De buena te has librado! Él me contestó, ¡Sí, no lo sabes bien!

Cuando mi médico acabó de relatarme esta anécdota de su paciente, a mí me dio la risa y a él también y entonces, en un aire más distendido y cordial y humano, me dijo, hablándome como un padre:

¡No quiero que te conviertas en un inválido mental, tienes que buscar alternativas! No veo en tu problema algo que no se pueda remediar. ¡Haz deporte, camina, anda en bici, ve a un gimnasio, apúntate a algún club de actividades de montaña u otro deporte, relaciónate, aliméntate bien, aprende yoga, relajación, o alguna técnica de meditación, practica natación…..! De momento te daré algo para que puedas dormir y para que estés más tranquilo, pero sólo de momento y luego, ya veremos. ¡Tomarás este tratamiento durante tres meses y luego, ven y ya me contarás, pero no sin haber puesto en práctica lo que te he dicho!

Si combinas esta medicación con el ejercicio y una buena alimentación, ya verás cómo vas a mejorar y sentirte con otro ánimo y con otra apertura de miras.

Bien, le hice caso, aunque la verdad es que mi situación no mejoraba demasiado, dado que, había otros problemas de salud que tanto mi médico cómo yo mismo ignorábamos y que eran los principales causantes de mi malestar y que yo confundía con problemas de ansiedad y depresión, hasta tal punto que le insistí varias veces para que me enviara al psicólogo, pero fue tajante y no lo hizo y siempre me contaba otra historia de algún paciente…la verdad, es, que le tengo un gran aprecio a este hombre y por ello, le dedico a él y a otras personas como él este portal de publicaciones, por haberme prestado su apoyo y su ayuda, especialmente su sabiduría y su talante humano. ¡Ojalá que el mundo estuviese lleno de personas de este tipo! ¡A veces pienso, que los Budas manifiestan su compasión y su amor y sabiduría a través de personas sencillas como él y, que pasan desapercibidas en nuestras vidas, sin mayor importancia o relevancia, como una persona de lo más común! No obstante, incluso las personas que muestran el rostro de la fealdad humana, como los psicólogos qué hemos hablado, son también una muestra de sabiduría, porque nos enseñan la otra cara que no debemos imitar o seguir. ¡Ellos también tienen algo que aprender, al igual que todos y cada uno de nosotros y es indudable que tarde o temprano tendrán que aprender a mostrar el lado humano, aunque sea a costa de cometer graves errores, qué tendrán que acabar por reconocer, de una manera o de otra!

Hay una cosa que deben saber los psicólogos y psiquiatras:

El ser humano debe comprenderse a sí mismo y utilizar los medios y las armas que están a su propio alcance para encontrar el origen de sus tormentos, ninguna pastilla puede sanar la mente de un individuo que ha sufrido trastornos en su personalidad,  lesiones en su sistema nervioso, por causas muy diversas. El estudio de la sintomatología y el encasillar a esos síntomas con un determinado nombre y luego, recetar esta o aquella pastilla para sedar el cerebro o una parte de él es una pérdida de tiempo. Si no lo quieren admitir que no lo hagan. Está claro, que ellos y los psiquiatras tienen que justificar el dinero que ganan y que los años que han pasado estudiando medicina, no han sido una pérdida de tiempo…pero bueno, dejémoslo aquí, porque es seguro que alguno habrá que tenga buenas intenciones y sea capaz de ayudar a sus pacientes. He conocido a psicólogos que dándose cuenta de sus limitaciones para poder comprender y ayudar a sus pacientes, decidieron adentrarse en el mundo de la meditación y comprenderse a sí mismos y esto les ha ayudado y enriquecido su profesión. En realidad, cualquier persona que se comprende y se conoce a sí mismo es, por derecho propio, un psicólogo innato y puede, al comprenderse y conocerse a sí mismo, comprender y ayudar a otros, con una perspectiva más humana y más sabia.

Cuando en nuestro camino aparecen personas ignorantes, con el rostro de la inhumanidad, debemos de sentir compasión y ayudarles mentalmente para que cambien su actitud. Esto es posible. ¡Probadlo, no le maldigáis ni le deseéis mal alguno, pues esto se volvería en vuestra contra!

El pensamiento y las emociones tienen mucho poder, más de lo que imaginamos y son como un boomerang que vuelve a nosotros. Si reaccionamos con ira o desprecio, volverá a nosotros cargado de ira y desprecio. Si alguien te hace reaccionar con ira o desprecio, trata en lo posible de no reaccionar ni física ni mentalmente de esa manera, respira, contente, concéntrate aunque sea sólo un instante en tu respiración y en ti mismo antes de responder o reaccionar y piensa rápidamente y hazte a ti mismo esta pregunta: ¿Qué gano con reaccionar? acaso, ¿no estaría haciendo algo indeseable como él me ha hecho a mí mismo? Si reacciono con ira o desprecio, ¿En qué me diferencio de él, qué me hace merecedor de otra cosa qué no sea su propia ira y desprecio si no soy capaz de enseñarlo a ser pacífico y educado, sereno y humano? No estoy aquí para imitarle ni  mostrarle que soy igual que él, sino para mostrarle como debería de ser y comportarse. Para ello, necesito cambiar mi propia reacción y mostrarme sereno, tranquilo, relajado, pero firme, sin miedo. Mi desafío no proviene de la ira de mi ego, sino de la contención y la fuerza de mi mente clara, de mi  propio ser, de mi propia inteligencia humana.

Si somos capaces de esto, al instante notaréis un cambio en su actitud y os pedirá perdón.

¡Habréis derrotado a un enemigo sin ninguna violencia ni enfado, lo habréis derrotado con la única arma de vuestra atención y de vuestra respiración!, no necesitamos nada más para vencer a una bestia ni a ningún humano que se parezca a ella.

Bien, os sorprenderá saber, que al cabo de uno de cierto tiempo, volví a mi médico aquejado de ciertos síntomas que indicaban problemas de azúcar en la sangre. En realidad siempre tuve dichos síntomas, lo que sucede es que no les había dado importancia, pensaba que eran problemas de debilidad, problemas de tensión baja y problemas de vista cansada, problemas de depresión, fatiga…  Al menos eso es lo que me habían dicho cuando de joven fui a la consulta de un médico, porque me sentía muy cansado, débil, tenía vértigos y síntomas de aparente depresión. Los problemas empezaron después de una enfermedad prolongada de hepatitis, que me tuvo encamado durante casi un año, debida además, a que cuando era adolescente me alimentaba muy mal y además, había caído adicto de drogas y alcohol.

Mi médico me envió con urgencia a hacer unos análisis muy completos de sangre y orina y sospechaba lo peor “problemas de diabetes”, dado que los síntomas eran muy evidentes porque aparte de los síntomas de vértigos y visión borrosa y fatiga, estaba perdiendo peso, orinaba continuamente y me molestaba mucho la luz.  Me dijo: Pero hombre, ¿cómo no me hablaste de esto antes? ¿No sabes que todos tus problemas de ansiedad y depresión pueden ser más que problemas de diabetes muy pronunciada? Has estado pasando por un infierno y a punto de quedarte ciego e irte al otro barrio, pensando que tenías depresión y que tenías la vista cansada y problemas de tensión. Mucho me temo y espero, por otro lado, que sea así,  que en realidad no tengas ningún problema de tipo neurológico (nervioso) y que todo sea debido a un problema de diabetes que arrastras durante toda tu vida y de que tu hígado y tu páncreas han quedado tocados. ¡Enseguida lo sabremos! ¡Nunca sospeché que tus problemas podían estar relacionados con esto! ¿Tienes problemas de tiroides?, me preguntó. No sé si hacerte una analítica para saber si existe algún problema tiroides, pero de momento lo descarto. ¿Ha habido alguien en tu familia, padres o abuelos que hayan tenido problemas de diabetes o tiroides?

Yo estaba algo asustado y sorprendido. Me explicó entonces, que si la tiroides no funciona bien, pueden producirse problemas de ansiedad, inquietud, e incluso problemas de aparente depresión y si el páncreas no funciona bien, puede pasar otro tanto de lo mismo. ¡Valla!, exclamé, ¡no me digas eso! ¿Cómo iba a saber yo todo esto? No soy médico, le dije. Sí, tienes toda la razón, me contestó.

¡Bueno!, exclamé, ¡A ver si esta es la vencida!, le dije. ¡Ojalá!, me dijo, ya estoy empezando a cansarme de verte por mi consulta. Anda, ¡Vete y ven cuando te den los resultados!

¡Ay Dios!, exclamó, ¡Menudo calvario! y todo por no haberme dicho que tenías estos problemas.

Nos despedimos y llamó al siguiente paciente, haciendo gestos con la cabeza y diciendo: ¡Ay Dios! ¡Santo cielo!.. Y otras cosas por el estilo.

¡Dios lo bendiga!, dije para mis adentros. ¡Que los Budas protejan su bondad y su sabiduría!

Bueno, tomemos un descanso, antes de continuar. ¡Hasta luego!

Nuestro subcosnciente: La importancia del orden y la limpieza del entorno

Somos mucho más sensibles de lo que imaginamos, más allá de lo que apreciamos de manera consciente con nuestros sentidos. Reaccionamos inconscientemente, de manera positiva o negativa, con reacciones de atracción o repulsión a todo lo que nos rodea y todo ello sin darnos cuenta. Hasta es posible que tengamos dolores de cabeza, malestar, desgana, fobia, mareos, vómitos, insomnio, mal humor, un sinfín de problemas que pueden estar relacionados con la percepción subconsciente de todos los elementos que nos rodean. Nuestro subconsciente es mucho más consciente de lo que parece. El subconsciente capta mucho más allá de lo que nosotros lo hacemos con nuestros sentidos.

Somos sensibles a multitud de cosas que pasan desapercibidas para nosotros, como radiaciones, las formas de los objetos, su disposición y sus colores, etc.

La falta de espacio, el desorden y la falta de limpieza del lugar en donde dormimos o vivimos o trabajamos, pueden originar intranquilidad, nerviosismo, opresión, mal humor, incomodidad. Lo mismo sucede si hay poca luz o demasiada luz, el tono de la luz, el color de los muebles y las paredes y toda la decoración, el aire y los olores que respiramos, los ruidos que nos envuelven en el entorno en donde estamos…

Debemos de analizar el entorno en donde vivimos o estamos habitualmente, ya sea en la casa o en el trabajo, en el coche, en el transporte…en el colegio, en la sala de estudio…En cualquier lugar, porque sin darnos cuenta podemos estar desarrollando algún tipo de malestar o rechazo relacionado con la percepción subconsciente de nuestro entorno.

Existe una ciencia milenaria que se ocupa de la importancia de la armonía de los objetos, sus colores, sus formas, su orden y del entorno que nos rodea. Esta ciencia se llama “FENG SHUI”.

Existen también otros factores que atañen a la actividad, al tedio, a la monotonía y al esfuerzo mantenido de una determinada actividad física o intelectual. Todo aquello que uno realiza de manera intensiva o repetitiva puede dar lugar a cansancio, al agotamiento físico, intelectual o emocional.

Es importante detectar la sensación de tedio y monotonía y cambiar o variar nuestra actividad o  nuestro modo de vida.

La alimentación.

Otro aspecto que influye muchísimo en nuestro estado físico, intelectual y emocional es la alimentación. A este aspecto, la mayoría de nosotros no le concedemos la importancia que realmente tiene.Trataremos más adelante de la nutrición.

La gran mayoría de las enfermedades físicas y  gran parte de las psicológicas tienen una directa relación con la nutrición y la falta de una adecuada actividad física, pero existen otras causas que pueden originar enfermedades físicas y psicológicas en el ser humano, como las genéticas.

La herencia genética de las enfermedades y de la personalidad.

Si nuestros padres o abuelos fueron víctimas de una determinada enfermedad física o psicológica, o si han tenido determinados hábitos y comportamientos o costumbres, es casi del todo probable que nosotros heredemos esas enfermedades y tengamos o adquiramos los mismos. Sin ir más lejos, gran parte de nuestra personalidad, así como el carácter son heredados de nuestros Padres y abuelos.

Posteriormente, la personalidad y el carácter y los hábitos que hemos heredado pueden ser realzados o debilitados por la educación que recibimos en el entorno social, escolar y familiar en donde nacemos y nos desarrollamos, así como por las costumbres y las tradiciones de dicho o dichos entornos.

Gran parte de lo que somos o como somos es porque nos lo han enseñado y otra gran parte, lo  hemos heredado genéticamente.

Ya en el vientre materno, estamos recibiendo un carácter, una educación, una herencia genética que afecta a lo que crees ser, a tu personalidad, al  desenvolvimiento de tu vida  y hasta tu propia salud.

Ahí estamos recibiendo una educación, nuestra Madre nos transmite sus emociones, sentimos lo que ella siente, comemos lo que ella come, pensamos como ella piensa. Hasta sabemos ya, como se lleva a nuestros Padres, si se aman, si se respetan, si hay problemas… Ya distinguimos el tono de la voz de nuestra Madre y de nuestro Padre, sabemos como son, cómo se comportan, qué hacen, que piensan, qué sienten y también si nos aman realmente.

Dentro del vientre materno ya se gestan ciertos deseos, temores, hábitos, tendencias, incluso parte de nuestra manera de pensar y nuestro mundo emocional afectivo.

Bien, ¿Cómo es posible esto, si el cerebro  del niño todavía se está formando?

Desde el momento que la parte primitiva del cerebro o el niño está formada, el subconsciente ya está operativo recibiendo información y por ello, ya estamos siendo educados y recibiendo sensaciones e incluso podemos experimentar traumas, los cuales pueden condicionar nuestro comportamiento nuestra manera de ser, sin darnos cuenta, durante toda nuestra vida.

Ante esto, realmente, no tenemos mucha capacidad de elección y por ello, podríamos decir que nadie es lo que es por gusto o porque lo haya elegido, sino porque le ha tocado, pues ninguno de nosotros elige la familia en donde ha de nacer, ni el lugar, el pueblo, ni la ciudad, ni el país en donde vivimos, ni la educación que recibimos, ni siquiera las experiencias que tienes a lo largo de tu vida ni  cuando ya eres adulto y crees que haces lo que quieres… porque tus hábitos y costumbres y tendencias ya se han formado antes de ser adulto, incluso antes de nacer.

Por todo ello, cuando queremos o deseamos indagar acerca del origen de nuestros problemas no es fácil determinar exactamente cuándo y el cómo, ni el por qué.

Las causas pueden ser múltiples, genéticas, adquiridas por educación o por las experiencias que hemos tenido…

Con todo esto, no tenemos más remedio que aceptar, que sabemos muy poco acerca de la complejidad de la vida humana, o de cualquier otro tipo de vida y además, ignoramos un sinfín de leyes que debiéramos de conocer para evitar engendrar sufrimiento y desdicha a un ser al que queremos concebir y/o  educar y del cual, somos enteramente responsables, de todo lo que acontezca durante toda su vida.

La naturaleza gobierna al reino o  rige al mundo animal y establece unas normas para que toda especie se multiplique, viva y evolucione de la mejor manera posible.

En la especie humana, estas normas o leyes naturales, se ignoran y no se respetan. El resultado es el que vemos, una especie llena de individuos enfermos física y mentalmente, capaz de aniquilarse a sí misma y destruir todo lo que le rodea. Este comportamiento no lo ha creado la naturaleza.

“La naturaleza es vida, muerte, renovación, pero no destrucción y auto aniquilación”.

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