La combinación de los alimentos


La combinación de los alimentos: Trofología

cpmbinaciones

Pirámide trofológica

La ciencia que nos habla sobre la combinación de los alimentos se llama trofología.

La idea occidental de una “dieta equilibrada” resulta simplista, superficial y a veces, para algunas personas, inadecuada. Los mé­dicos occidentales recomiendan a todo el mundo que “tome un poco de todo en cada comida”, mezclando elementos tan dispares como la carne, la leche, féculas, grasas y azúcar. Un consumo de comida tan indiscriminado no es muy distinto a llenar el depósito de un automóvil con una combinación de gasolina, gasoil, alcohol y azúcar. Una mezcla así no podrá arder eficazmente, proporcionará poca potencia y no tardará en atascar el motor hasta tal punto que le será imposible seguir fun­cionando.

En Oriente, en la antigüedad, se sabía de la importancia de una correcta combinación de los alimentos. Esta sabi­duría también la poseyó en otro tiempo Occidente, como lo demuestra la estricta norma mosaica de que nunca se debe consumir carne y leche en la misma comida.

La enseñanza de la medicina en Occidente deja mucho que desear en cuestión de nutrición, si bien actualmente existen en América y en Europa unos cuantos científicos nutricionales que, a pesar del desdén de sus colegas de la clase médica, están realizando grandes adelantos en la ciencia de la trofología.

El equivalente científico occidental del equilibrio de energías en las combinaciones de alimentos es algo que todos aprendimos en la escuela en las clases de química elemental: el equilibrio ácido/básico, o “ph”. Todos sabemos que, si añadimos una medida de ácido a una medida igual de álcali, la solución química resultante es tan neutra como el agua corriente. De ahí la idea de tomar bicarbonato (una sustancia muy alcalina) para aliviar la “acidez” de estómago.

Está científicamente comprobado por la medicina occidental que para iniciar la buena digestión de cualquier proteína animal concentrada, el estómago debe secretar pepsina. Pero también está demos­trado que la pepsina sólo puede actuar en un medio sumamente ácido, que debe mantenerse durante varias horas hasta la completa digestión de las proteínas. Otro hecho igualmente comprobado por la ciencia es que, cuando masticamos un pedazo de pan, de patata o de cualquier otro hidrato de carbono/fécula, las glándulas salivales segregan de in­mediato ptialina y otros jugos alcalinos. Después de tragada, la fécula alcalinizada necesita hallar en el estómago un medio alcalino para acabar de ser digerida por completo.

Todo el mundo puede comprender lo que ocurre, pues, cuando se ingieren simultáneamente féculas y proteínas. El estómago, en respuesta a la presencia de las proteínas y las féculas, segrega al mismo tiempo jugos ácidos y alcalinos que se neutralizan entre sí y dejan una solución acuosa incapaz de digerir correctamente ni una cosa ni otra. Lo que sucede a continuación es que las proteínas se pudren y las féculas fermentan, debido a la constante presencia de bacterias en el canal digestivo.

La putrefacción y la fermentación son las causas principales de todo tipo de problemas digestivos, como gases, ardor, hinchazón, estreñi­miento, heces fétidas, hemorroides sangrantes, colitis y demás. Muchas de las llamadas “alergias” son también consecuencia directa de la mala combinación de los alimentos: la corriente sanguínea absorbe toxinas de la masa fermentada y putrefacta que llena los intestinos, y estas toxi­nas a su vez provocan erupciones, urticaria, dolores de cabeza, náuseas y otros de los síntomas que habitualmente se catalogan como “alergias”.

Los mismos alimentos capaces de desencadenar una reacción alérgica cuando están incorrectamente combinados muchas veces no producen ningún efecto nocivo cuando se consumen de acuerdo con las leyes de la trofología. La cuestión se reduce a lo siguiente: cuando inmoviliza su estómago y perturba sus funciones digestivas con el consumo de ali­mentos indiscriminadamente combinados, las bacterias del canal diges­tivo se dan una fiesta. Aprovechan todos los nutrientes y se multipli­can, mientras usted se queda con los desechos y padece.

Según un reciente estudio llevado a cabo en los Estados Unidos, el varón norteamericano medio de hoy lleva en sus intestinos más de dos kilos de carne roja en putrefacción y sin digerir. Deje un par de kilos de carne en un lugar húmedo, caliente y oscuro durante unos cuantos días y comprueba los resultados de la putrefacción. El estado gravemente séptico del tracto intestinal humano constituye un caso único en la naturaleza, y aun así los médicos occidentales lo toman como normal e incluso insisten en que resulta inofensivo para el resto del organismo.

La realidad es otra. A fin de protegerse de la irritación tóxica cró­nica causada por las comidas mal combinadas, el colon segrega grandes cantidades de mucosidad para envolver las partículas tóxicas antes de que dañen su sensible mucosa. Cuando esto sucede en todas las comidas, todos los días, todas las semanas del año (como es lo habitual en las modernas dietas occidentales) el colon termina segregando un flujo constante de moco, que se acumula y se incrusta en los pliegues del colon. Esto produce una reducción de la luz del colon y un constante filtrado de toxinas al torrente sanguíneo, por osmosis. Cuando la incrustación de mucosidades tóxicas en el colon alcanza una presión crítica, produce una bolsa que se hincha como un globo hacia el exterior, provocando lo que se llama una diverticulosis. La colitis y el cáncer son las siguientes etapas de deterioro del colon debido a estas condiciones.

CLASIFICACIÓN DE LOS ALIMENTOS Y TABLA DE COMBINACIONES

Clasificación de los alimentos.

  1. Proteínas: aquellos alimentos que contienen al menos un 15 por ciento de materia proteínica.

Proteínas concentradas: carne, pescado, aves, huevos, leche, queso.

Proteínas ligeras: frutos secos, judías, guisantes, derivados de la soja, aguacates, cereales integrales.

II. Hidratos de carbono: aquellos alimentos que contienen al menos un 20 por ciento de féculas y/o azúcares.

Féculas: cacahuetes, plátanos, patatas, todos los productos a base de pasta, arroz, pan, tartas y pasteles, cereales refinados, etc. Azúcares: azúcar integral, moreno y de caña en bruto, fructosa, miel, jarabe de arce, frutas pasas dulces (pasas, dátiles, higos, ci­ruelas).

III. Grasas: aceite de origen animal o vegetal.

De origen animal: mantequilla, nata, manteca, sebo, carnes grasosas.

De origen vegetal: aceite de oliva, de soja, de girasol, de sésamo, de maíz, de cártamo, todos los aceites de frutos secos.

IV. Vegetales: lechuga, apio, col, coliflor, espinaca, brotes de soja, pe­pino, espárragos, cebolla, berenjena, nabo, berro, puerro, calabacín, judías verdes, pimientos verdes, rábano, zanahoria, alcachofa, aceituna, etc.

Excepciones: las patatas se cuentan como fécula; los tomates se cuentan como fruta acida.

V. Frutas:

Frutas acidas: naranja, pomelo, lima, limón, fresas, arándanos,

pina, tomate.

Frutas subácidas: manzana, pera, melocotón, cereza, uva, albari-

coque, nectarina, ciruela, etc.

Melones: sandía, melón (en todas sus variedades), papaya, etc.

Excepciones: los plátanos se cuentan como fécula; los higos secos,

dátiles, pasas y ciruelas secas se cuentan como azúcares.

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Pirámide trofológica

2. Un “SÍ” indica que esa combinación es compatible.

3. La leche debe consumirse sola, como alimento proteínico, y a ser posible en forma natural, no pasteurizada.

4. En el apartado “Frutas” no se incluyen los melones, que deben comerse solos para una óp­tima digestión y asimilación.

5. Los plátanos, pasas, higos secos, dátiles y ciruelas secas son alimentos tipo fécula/azúcar de la mejor calidad, y no deben combinarse con proteínas.

6. Los vegetales combinan bien con todo, excepto la patata (que es una fécula) y el tomate (que es un ácido).

7. Las grasas no deben combinarse con proteínas concentradas, pero son relativamente com­patibles con las proteínas ligeras.

8. Cuanto más cerca esté un alimento de su estado crudo y natural, más compatible será con otras clases de comida; por consiguiente, procura que al menos un 50 por ciento de tu dieta se componga de alimentos frescos consumidos en estado crudo. Esto te proporcionará las enzimas activas y la fibra húmeda que hacen falta para compensar las combinaciones incompatibles de alimentos cocidos.

 

LA DIETA OCCIDENTAL

Satisfacción

La correcta combinación de los alimentos tiene una importancia decisiva para la buena digestión y metabolización. Sin una digestión completa, el cuerpo no puede extraer ni asimilar bien los nutrientes ni si­quiera de los más saludables alimentos. Además, la digestión incom­pleta y la insuficiente metabolización son las causas principales de la acumulación de grasas y colesterol en el cuerpo.

Una dieta baja en calo­rías pero compuesta por alimentos sometidos a una excesiva cocción, elaborados y mal combinados, seguirá engordándonos y dejando depósitos pegajosos en nuestras arterias, del mismo modo que una incorrecta mezcla de combustibles deja depósitos de carbonilla en las bujías de un motor, atasca los pistones y produce gases de escape malolientes. Por otra parte, si los alimentos se combinan correctamente, no importa cuántas calorías ni cuánto colesterol contengan, porque no nos harán en­gordar ni obstruirán las venas ni los órganos, especialmente si al menos la mitad de nuestra dieta cotidiana está compuesta por alimentos crudos.

Cuando se siguen las normas de la trofología, no hace falta llevar un fanático control de la dieta, no hace falta contar calorías ni hace falta preocuparse por el colesterol. Debemos tener también en cuenta que no existe cosa tal como un alimento que tenga un 100 por cien de proteínas o un 100 por cien de hidratos de carbono. Lo que cuenta es si las proteínas o los hidratos de carbono constituyen el principal elemento nutritivo de un alimento determinado. En términos generales, si un alimento contiene un 15 por ciento de proteínas, o más, se lo considera “alimento proteínico”, mientras que un 20 por ciento o más de hidratos de carbono lo hace corresponder a dicha categoría.

Al combinar distintas clases de alimentos, no tiene mucha importancia que una comida a base de hidratos de carbono incluya una pequeña cantidad de proteínas, o viceversa, sobre todo si se acompaña con abundantes verduras crudas que proporcionan enzimas activas y masa fibrosa.

Existen muchísimos alimentos sanos con los que componer una comida saludable sin necesidad de recurrir a ali­mentos elaborados y refinados artificialmente. Lo ideal sería consumir una sola clase de alimento en cada comida. Basta echar una mirada a la naturaleza para darse cuenta. Los animales carnívoros jamás consumen sustancias feculentas con la carne, aunque favorecen su digestión y de vez en cuando se purgan ingiriendo hierbas silvestres dotadas de propiedades medicinales.

Los observadores de aves hace siglos que vienen comprobando que los pájaros comen insec­tos y gusanos a cierta hora del día, y bayas y semillas en otro momento, pero nunca a la vez. ¿Por qué ha de suponer el ser humano moderno que su aparato digestivo es tan distinto al de todas las demás especies?

Aunque la dieta tradicional china se basa fundamentalmente en el arroz, un atento examen de los hábitos alimenticios chinos demuestra que, hasta mediados del siglo XX, el arroz se consumía según las leyes de la trofología. Así, por ejemplo, cuando las familias chinas comen en casa, en sus platos abundan las verduras frescas y los derivados de la soja, y escasea la carne. Cuando los chinos salen a darse un banquete en el restaurante, no suele servirse arroz, con el deliberado propósito de que no perjudique la digestión de todas las carnes, pescados y aves que siempre aparecen en los menús de fiesta. Hoy en día, empero, las modernas costumbres han alterado estos saludables hábitos alimenta­rios entre los chinos urbanos, para gran perjuicio de su salud y longe­vidad.

Allá en los años 20, antes de que el mundo moderno hubiera in­fluido mucho en el modo de vida chino, científicos occidentales realiza­ron un profundo estudio comparativo entre los hábitos alimentarios de chinos y norteamericanos. Las regiones estudiadas estaban situadas en el centro y en la costa de China, en zonas rurales donde la forma de vida tradicional y los hábitos alimentarios no habían variado mucho en el curso de los siglos, pero donde una paz y prosperidad relativas permitían todas las posibilidades en la elección de alimentos.

El estudio reveló que el chino medio obtenía hasta el 90 por ciento de su energía alimenticia a partir de cereales y productos derivados, con sólo un uno por ciento de origen animal y el resto de productos vegetales frescos. Una combinación de un 90 por ciento de hidratos de carbono y un uno por ciento de proteínas, complementada con las enzimas y la fibras de las frutas y verduras frescas, representa casi la más perfecta combina­ción dietética que puede lograrse en la práctica.

El mismo estudio se centró a continuación en los hábitos alimenta­rios norteamericanos, con resultados muy reveladores: un 39 por ciento de la energía alimenticia del norteamericano medio procedía de los cereales, un 38 por ciento de productos animales, y la mayor parte del 23 por ciento restante procedía de azúcares refinados. Las frutas y verduras apenas representaban una minúscula porción de la dieta nor­teamericana. Desde un punto de vista trofológico, resultaría difícil con­cebir un régimen peor equilibrado. Y, según los resultados del experi­mento del Dr. Pottenger con los gatos, el perjuicio de estas dietas desnaturalizadas puede transmitirse a las sucesivas generaciones.

Examinemos de cerca la Típica Comida Norteamericana que está propagando los problemas digestivos y metabólicos por todos los países del mundo gracias a las cadenas internacionales de comida rápida. Esta típica comida norteamericana se compone de una hamburguesa con queso, acompañada de patatas fritas y regada con un batido de leche o un refresco dulce a base de cola. La hamburguesa con queso combina dos clases distintas de proteínas concentradas, la carne y el queso. En­cima se añade un gran panecillo esponjoso de harina blanca sumamente refinada, o sea, fécula pura. Luego viene una gran bolsa de pata­tas muy fritas, que contienen nuevas féculas concentradas más la grasa de haber sido fritas en aceite quemado. Y finalmente este disparate se engulle con un gran batido muy helado, añadiendo leche pasteurizada a las proteínas, las féculas y las grasas, además de varias cucharadas de azúcar blanco refinado para acabar de atascar completamente las tube­rías.

Romper una o dos leyes de la trofología en una sola comida ya es bastante malo, pero es que la Típica Comida Norteamericana rompe por lo menos seis. No es de extrañar, pues, que según un reciente estu­dio sanitario de ámbito nacional, realizado en los Estados Unidos y divulgado por un boletín de Associated Press en julio de 1986, el 49 por ciento de la población se quejara de dolores estomacales crónicos y diarios, molestias gastrointestinales, estreñimiento y otras perturbaciones del aparato digestivo.

La situación dietética en el mundo occidental es mucho más grave de lo que ninguna autoridad sanitaria de ningún gobierno está dis­puesta a admitir. Y ello se debe en gran medida a que la industria ali­mentaria se ha convertido en uno de los mayores y más poderosos nego­cios del mundo occidental, sobre todo en los Estados Unidos, donde la industria de los alimentos elaborados está representada por uno de los más poderosos grupos de presión de Washington. La Food and Drug Administration (FDA, o “Administración de Medicamentos y Alimen­tos”, agencia del gobierno), a la que le corresponde decidir qué alimen­tos pueden ser comercializados, se compone básicamente de burócratas profesionales, no de científicos nutricionales, y no realiza ningún tipo de pruebas científicas.

En vez de hacerlas, basa sus decisiones en las pruebas e informes que aportan las mismas compañías que desean lan­zar al mercado un producto alimenticio nuevo. La leche natural certifi­cada es ahora ilegal en la mayoría de los estados, y los tiempos en que la gente podía acudir a un mercado al aire libre para comprar productos frescos (como sigue haciéndose en Asia y en gran parte de Europa) pertenecen ya al pasado.

Así es cómo los norteamericanos siguen padeciendo una de las mayores incidencias mundiales de enfermedades cardíacas, cánceres, trastornos digestivos y otras dolencias mortales. Los hechos son los hechos, conque vamos a echar una ojeada a los siguientes (y sorprendentes) hechos sobre la dieta y la desnutrición en los Estados Unidos, compilados por científicos médicos norteamericanos y publicados por el American Journal of Clinical Nutrition en su edición de marzo/abril de 1958.

Un minucioso estudio comparativo entre la dieta y la salud de los mendigos de la India y los en apariencia saluda­bles adolescentes norteamericanos reveló que en la India el consumo medio de calorías del mendigo típico era inferior a la mitad del con­sumo diario medio del norteamericano típico. A pesar de ello, sólo un 6,25 por ciento de los mendigos mostraban algún síntoma de desnutri­ción, mientras que un apabullante 75 por ciento de los adolescentes norteamericanos presentaba síntomas de desnutrición grave. Sólo un 1,25 por ciento de los mendigos de la India padecía de caries dental, frente a más de un 90 por ciento de los jóvenes norteamericanos. Conclusión: el típico mendigo de la India obtiene mayor salud de su men­guada dieta que el adolescente norteamericano medio de la suya, tan “rica”.

Un estudio comparable en México arrojó resultados semejantes. La edición de septiembre de 1951 de Harper’s Magazine publicó los resul­tados de un estudio a largo plazo sobre los hábitos dietéticos de los campesinos mexicanos, dirigido por el Dr. Robert Harris del Instituto de Tecnología de Massachussetts. Según este informe, para gran sorpresa de los investigadores, estos mexicanos sumidos en la pobreza presentaban menos síntomas de deficiencias debidas a la desnutrición que los escolares de Michigan… El análisis de todos sus alimentos realizado por el grupo del Dr. Ha­rris demostró que los otomis (indios que habitan en el árido valle de Mesquital, al norte de la ciudad de México), al igual que los habitan­tes de los suburbios de Ciudad de México, obtenían cantidades casi adecuadas de todos los nutrientes, salvo riboflavina. De hecho, su alimentación era decididamente superior a la del ciudadano medio de las regiones estadounidenses de Boston y Nueva York.

El hombre compasivo

 


 

La Dieta alcalina

ALCALINIDAD: EL FUNDAMENTO DE NUESTRA SALUD

El equilibrio ácido-básico en el organismo

Nuestro cuerpo vive gracias a su constante actividad encaminada a mantener el equilibrio en su medio interno. Una de las variables más importantes que ha de procurar sostener en adecuada armonía es el pH.

Así, primero conviene explicar lo que significa acidez y alcalinidad. Estos dos términos responden a la forma de clasificar la reacción de cualquier elemento. El grado de acidez o alcalinidad se mide a través de una escala llamada de pH (potencial de hidrógeno) que va de O (extremo ácido) a 14 (extremo alcalino), ubicándose en el centro (7) el valor neutro. O sea que entre O y 7 tenemos los valores de acidez y de 7 a 14 los de alcalinidad.

Veamos a grandes rasgos como funciona el mecanismo de acidez y alcalinidad en el organismo. Los 60 trillones de células que componen nuestro organismo, necesitan alimentarse, eliminar residuos y renovarse constantemente. En este sentido, la sangre cumple dos funciones vitales: llevar a todas las células los materiales nutritivos que necesitan y retirar de ellas los residuos tóxicos y ácidos que se producen como resultado de la transformación de dichos nutrientes (metabolismo). Gracias al proceso de respiración celular, las células reciben parte del oxígeno que necesitan para sus procesos vitales.

A nivel celular se produce una especie de combustión interna, ya que se libera calor corporal. Los residuos que se originan en este proceso de combustión, son de naturaleza ácida y deben ser evacuados del organismo a través de las vías naturales de eliminación (riñones, intestino, piel y pulmones).

Para cumplir adecuadamente esta tarea la sangre debe mantener un ligero nivel de alcalinidad. En una persona sana el pH de la sangre (la linfa, el líquido cefaloraquídeo, etc.) se ubica entre 7,40 y 7,45. Cuando se incrementa el nivel de acidez, debido a ciertos mecanismos de autorregulación, la sangre logra conservar este vital equilibrio. Lo hace a través del aporte de bases (álcalis) que neutralizan los ácidos. Por ello, para obtener un sano metabolismo celular, es preciso que junto al oxígeno, la sangre tenga un constante flujo de sustancias de naturaleza alcalina, a fin de poder neutralizar los ácidos.

 

¿Qué ocurre cuando hay una constante acidez?

Como explicamos, el margen de variación del pH  es muy pequeño, y si éste es ácido la sangre tratará a toda costa de mantener su pH (que es ligeramente alcalino). En primera instancia la sangre obtiene estas bases de los alimentos. En caso de ulterior necesidad -sea por exceso de ácidos o por carencias nutricionales de bases- puede recurrir a la reserva alcalina de huesos, dientes, tejidos. De este modo la sangre se convierte en un “ladrón” de la estructura orgánica, con el solo objetivo de restablecer el vital equilibrio ácido-básico. Así se pone en marcha el mecanismo de descalcificación y desmineralización.

Además, si la acidez es tanta que no puede ser totalmente neutralizada por el organismo y acidifican todos los tejidos de nuestro cuerpo,  entonces también resulta afectado el sistema inmunológico.

De todo esto se desprende que debemos ser cuidadosos en el aporte de alcalinizantes que realizamos a nuestro cuerpo a través de los alimentos que ingerimos, tratando de evitar alimentos y situaciones acidificantes.

La consecuencias de tener un organismo ácido será, tarde o temprano,  tener problemas de salud tales como:

* Fatiga crónica.

* Nerviosismo, irritabilidad, tendencia a la depresión.

* Dolores en las extremidades.

* Dolor de cabeza.

* Tendencia a sufrir infecciones repetitivas de cualquier tipo. Las más frecuentes pueden ser resfriados, amigdalitis, faringitis, bronquitis, cistitis e infecciones genitales.

* Inflamaciones frecuentes que curan lentamente.

* Problemas dentales.

* Malestares gástricos e intestinales.

* Cálculos renales y en la vesícula biliar.

* Irritaciones de la piel, generalmente por el sudor ácido.

* Eccemas, predisposición a las infecciones por hongos.

* Calambres, contracturas (predisposición a padecer lumbago, ciática y tortícolis).

* Desmineralización ósea.

* Agravamiento de los procesos alérgicos.

* Insomnio.

La excesiva acidez del cuerpo humano puede producir “locura” celular, que es la definición más breve del cáncer. Por eso, las dietas que se aceptan eficaces para prevenir el cáncer están formadas mayoritariamente por alimentos que favorecen un medio alcalino al organismo. Vamos a ver a continuación cuales son:

Clasificación de los alimentos

Veamos qué se entiende por alimentos acidificantes y alcalinizantes. Nuestros nutrientes tienen distintos grados de acidez o alcalinidad. El agua pura, que es neutra, tiene un pH 7,07. Básicamente, todas las frutas y verduras resultan alcalinizantes. Si bien la fruta tiene un pH bajo (o sea que resulta ácida), debemos evitar una confusión generalizada: no es lo mismo la reacción química de un alimento fuera que dentro del organismo. Cuando el alimento se metaboliza, puede generar una reacción totalmente distinta a su característica original. Es el caso del limón o de la miel. Ambos tienen pH ácido, pero una vez dentro del organismo provocan una reacción alcalina.

También los minerales juegan un rol importante en el comportamiento acidificante o alcalinizante de los alimentos y nos permiten hacer una elección más consciente. Por lo general resultan acidificantes aquellos alimentos que poseen un alto contenido de azufre, fósforo y cloro. En cambio son alcalinizantes aquellos que contienen buena dosis de: calcio, magnesio, sodio y potasio.

Es importante conocer aspectos que tienen que ver con la preparación misma de las comidas. Por ejemplo: se ha demostrado que un 40-60% de los elementos minerales y un 95% de las vitaminas y bases se pierden en el agua de cocción de las verduras. Resulta entonces que el alto contenido de bases que poseen las verduras -y que resulta tan útil para el equilibrio sanguíneo- se desvaloriza.

De allí la importancia del sistema oriental de cocer las verduras al vapor en cestas de acero o bambú, o sea sin que estén en contacto directo con el agua. También comprendemos el alto valor terapéutico de los caldos, que conservan todo el contenido alcalino de las verduras y que resultan tan equilibrantes en enfermos y convalecientes.

Así, serán alimentos alcalinizantes:

* Todas las frutas, incluidos los cítricos.

* Todas las verduras. Incluidas las semillas germinadas y tubérculos, especialmente las patatas.

* Leche y derivados, excepto quesos fuertes.

* Otros: yema de huevo, castañas y soja.

Y los alimentos acidificantes serán:

* Cereales y derivados (harinas). No lo son cuando se consumen germinados.

* Alimentos que contienen glúcidos y proteínas. Las legumbres (germinadas producen reacción alcalina).

* Azúcares. (La miel no provoca reacción ácida).

* Proteínas en general. Carnes, pescados, huevos (sólo la clara), quesos curados…

* Alcohol.

Hay que incluir el tabaco y el café.

EN UNA DIETA SANA LOS ALIMENTOS ALCALINO-REACTIVOS DEBEN PREDOMINAR SOBRE LOS ÁCIDO-REACTIVOS.

¿Cómo saber si tenemos un exceso ácido?

Es muy fácil. No tenemos más que medir el pH de la orina. En ella podemos ver claramente lo que el cuerpo trata de eliminar. Así, si es ácida es que nos sobran ácidos y necesitamos proveer al organismo de elementos alcalinos y lo contrario (mucho menos común) si es alcalina.

Para ello podemos comprar en cualquier farmacia o establecimiento que vendan material de laboratorio tiras de papel indicador de pH y medir la orina de la mañana según las indicaciones del fabricante. Para ello basta mojar la mitad de una tira de papel indicador en la orina. Este cambiará de color y, en un catálogo de colores que suele venir en el estuche de las tiras, miraremos con qué cifra se corresponde.

Lo normal debiera ser 7 ó 7,5 (un color verdoso). Si la cifra es menor indica un exceso ácido. Entonces deberemos seguir una dieta más alcalina hasta que se normalice. Lo podemos medir todos los días, es extremadamente sencillo.

Cuando ya la orina de la mañana se mantiene en el pH óptimo observaremos posiblemente cómo muchas molestias que sufrimos tienden a desaparecer.

En bastantes casos la acidificación es tan rebelde que tendremos que ayudarnos tomando suplementos alcalinizantes. Se suelen recomendar los que están compuestos por citratos, preferiblemente que no contenga citrato sódico para evitar el exceso de sodio. Se consiguen en herboristerías o establecimientos de dietética. Se toma media cucharadita en agua tres veces al día si el pH es de 5 y se va disminuyendo cuando va aproximándose a su valor óptimo (7-7,5). Luego, lo ideal, es mantenerlo con la dieta.

tiras reactivas nph

Tiras reactivas ph

FACTORES QUE CONTRIBUYEN A CONTRARRESTAR LA EXCESIVA ACIDEZ

* Dieta con preponderancia de alimentos alcalino-reactivos.

* Ejercicio físico.

* Buena oxigenación (mejora de la capacidad respiratoria).

* Beber abundante agua de buena calidad.

* El sueño reparador y la relajación.

* Las emociones positivas (alegría, optimismo…).

¿PUEDE HABER EXCESO ALCALINO?

Sí, puede haberlo y se detecta fácilmente midiendo el pH urinario. Sin embargo no es lo habitual. Se contrarresta aumentando la ingesta de alimentos ácido-reactivos.

Como puedes ver, uno de los “secretos” para tener más vitalidad y resistencia frente a las enfermedades consiste en hacer predominar los alimentos alcalino-reactivos en tu alimentación diaria. 

Pirámide alimentos alcalinos

Pirámide alimentos alcalinos

Tabla alimentos alcalinos

Tabla alimentos alcalinos


La leche. seguir leyendo

LECHE

La leche materna

Esta es una de las cuestiones más polémicas y peor comprendidas de toda la dieta occidental. Los orientales y los africanos evitan tradicionalmente el consumo de leche, excepto como pur­gante. Pero en el mundo occidental, la gente se acostumbra a tomar leche a diario durante toda su vida.

Si observamos la naturaleza, veremos que los animales se alimentan exclusivamente de leche hasta ser destetados con otros alimentos. La desaparición natural de la lactasa (la enzima que permite digerir la leche) del organismo humano a la llegada de la madurez demuestra claramente que los humanos adultos no tienen más necesidad de leche que los tigres o los chimpancés adultos.

Aunque la leche es un alimento proteínico completo cuando se consume al natural, también contiene grasa, lo cual quiere decir que combina mal con cualquier otro alimento salvo con ella misma. Sin embargo, muchos adultos tienen la costumbre de acompañar sus comidas con leche fría. La leche se cuaja nada más llegar al estómago, de modo que, si hay otro alimento presente, los grumos se coagulan en torno a las partículas de comida y las aíslan de la acción de los jugos gástricos, retrasando su digestión el tiempo suficiente para que comience la putrefacción. Por ello, la primera y más importante norma a tener en cuenta sobre el consumo de leche es beberla sola o no beberla.

Hoy en día, la leche se vuelve todavía más indigerible a causa de la práctica generalizada de la pasteurización, que destruye todas las en­zimas naturales y altera sus delicadas proteínas. La leche al natural contiene las enzimas activas lactasa y lipasa, que hacen posible que se digiera por sí misma.

La leche pasteurizada, desprovista de lactasa y demás enzimas activas, no puede ser correctamente digerida por los estómagos adultos, e incluso resulta difícil para los niños, como lo de­muestran los cólicos, erupciones, problemas respiratorios, gases y demás afecciones tan frecuentes en los bebés alimentados con bibe­rón.

Además, la ausencia de enzimas y la alteración de las proteínas vitales hace que el calcio y los restantes minerales contenidos en la leche no sean bien asimilados.

Hacia 1930, el Dr. Francis M. Pottenger realizó un estudio de 10 años de duración sobre los efectos relativos de una dieta de leche pasteurizada y otra al natural en una población de 900 gatos. Uno de los grupos no recibía nada más que leche entera al natural, mientras que el otro era alimentado exclusivamente con leche entera pasteuri­zada de la misma procedencia. Los gatos alimentados con leche natu­ral evolucionaron bien, manteniéndose sanos, activos y alerta durante toda su vida, pero los alimentados con leche pasteurizada pronto se volvieron inquietos, confusos y sumamente vulnerables a un gran nú­mero de enfermedades degenerativas crónicas que normalmente se relacionan con el ser humano: enfermedades cardíacas, afecciones re­nales y tiroideas, problemas respiratorios, pérdida de dientes, fragili­dad ósea, inflamación hepática, etc.

Pero lo que más llamó la atención al Dr. Pottenger fue lo que les sucedía a la segunda y tercera genera­ciones. Los primeros descendientes del grupo de la leche pasteuri­zada nacieron todos con mala dentadura y huesos pequeños y débiles, síntomas evidentes de una deficiencia de calcio que indicaban a su vez una mala absorción del calcio de la leche pasteurizada. Los descen­dientes del grupo de la leche al natural nacieron tan sanos como sus progenitores. Muchos de los gatitos de la tercera generación del grupo pasteurizado nacieron muertos, y los que sobrevivieron eran todos estériles e incapaces de reproducirse.

El experimento debió terminar ahí porque no hubo una cuarta generación de gatos alimen­tados con leche pasteurizada, aunque el grupo de la leche al natu­ral siguió reproduciéndose y criando indefinidamente. Si esto no le parece prueba suficiente de los efectos nocivos de la leche pasteurizada, tenemos que tener en cuenta que incluso los terneros recién nacidos que son alimentados con leche pasteurizada obtenida de sus propias madres suelen morir antes de seis meses, un hecho comprobado que la industria lechera comercial se resiste a reco­nocer.

A pesar de todas estas pruebas científicas a favor de la leche al na­tural y contra la leche pasteurizada, y a pesar del hecho de que hasta comienzos del siglo XX la especie humana medró con la leche al natu­ral, en la actualidad está prohibida la venta de leche natural al consu­midor en casi todos los Estados occidentales.

Para la industria le­chera resulta mucho más rentable pasteurizar la leche a fin de alargar su tiempo de vida en el comercio, aunque esta leche desnaturalizada no haga ningún bien en absoluto a la salud humana. Además, la pas­teurización hace que la leche de las vacas enfermas en vaquerías poco sanitarias resulte relativamente “inofensiva” para el ser humano, ya que mata algunos de los gérmenes peligrosos (aunque no todos), y esto también contribuye a abaratar los costes de producción de la indus­tria.

Sólo hicieron falta tres generaciones para que los gatos del Dr. Pottenger alimentados con leche pasteurizada se volvieran estériles y debilitados. Y éste es el número aproximado de generaciones que eu­ropeos y norteamericanos llevan alimentándose con leche pasteuri­zada. Hoy en día, la esterilidad se ha convertido en un problema de importancia entre las jóvenes parejas occidentales, mientras que la deficiencia de calcio se ha extendido tanto que más del 90 por ciento de los niños norteamericanos padecen de afecciones dentales crónicas.

Para empeorar aún más la situación, actualmente se ha impuesto la costumbre de “homogeneizar” la leche con el fin de evitar que se separe la nata. La homogeneización consiste en frag­mentar y pulverizar las moléculas grasas hasta el punto de que no puedan separarse del resto de la leche. Pero los minúsculos fragmen­tos de grasa así obtenidos se filtran con facilidad a través de las pare­des del intestino delgado y aumentan considerablemente la cantidad de colesterol y grasas desnaturalizadas absorbidas por el cuerpo. En realidad, se absorbe más grasa láctea bebiendo leche homogeneizada que consumiendo nata pura.

Las mujeres preocupadas por la osteoporosis deberían tomar buena nota de todos estos datos sobre los productos lácteos pasteurizados. Esta leche desnaturalizada no aporta el calcio suficiente para combatir la citada enfermedad, como queda plenamente demostrado por el hecho de que las mujeres occidentales, que consumen grandes cantidades de diversos productos lácteos pasteurizados, pre­sentan una mayor incidencia de osteoporosis que las de cualquier otra zona del mundo. La col cruda, por ejemplo, proporciona muchí­simo más calcio asimilable que cualquier cantidad de leche pasteuri­zada o sus derivados, como yogures, quesos y todos los demás productos lácteos desnaturalizados.

El elemento boro es también un factor esencial para la absorción del cal­cio de los alimentos y para su utilización por el cuerpo en la forma­ción de los huesos. Aún más digno de mención, el nivel de estrógenos en la sangre de mujeres que recibían cantidades adecuadas de boro ascendió a más del doble, eliminando la necesidad de una terapia de administración de estrógenos, que es un “parche” habitual contra la osteoporosis en los países de Occidente.

Y, ¿dónde se encuentra el boro? En las frutas y verduras frescas, sobre todo en manzanas, peras, uva, nueces, col y otras verduras de hoja, donde también en­contramos calcio. La naturaleza nos proporciona abundantes fuen­tes de todas las sustancias nutrientes que necesitamos, pero el ser humano insiste en cocerlas y elaborarlas hasta eliminarlas todas, y luego se pregunta por qué no da resultado su dieta.

Todos los adultos deberían reflexionar seriamente sobre la conve­niencia de la leche como parte integrante de su dieta cotidiana, salvo en el caso de que puedan obtener leche al natural certificada, que constituye un excelente alimento. Atiborrar a los niños con leche pas­teurizada para que crezcan “fuertes y sanos” es una pura aberración, por­que les resulta imposible asimilar los nutrientes. De hecho, hombres, mujeres y niños por igual deberían eliminar de su dieta todos los pro­ductos lácteos pasteurizados, pues únicamente sirven para atascar sus intestinos con capas y más capas de un fango limoso que impide la absorción de los nutrientes orgánicos.

Tenemos que eliminar completamente de nuestra dieta la leche homogeneizada y pasteurizada. Si podemos encontrar leche al natural, consumirla como una comida completa por sí misma, nunca combinada con otros alimentos.

Fuente de esta entrada: “Pagina de la vida”

vacas lecheras

Vacas lecheras

Le sugiero que lea la entrada relacionada, titulada: “Salir de la depresión”

 

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Acerca de Seoan Judith Nath

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3 respuestas a La combinación de los alimentos

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