La mujer y la caída del hombre


La creación del universo

Adán y Eva

 

No es la mujer la que hace las guerras y mata a seres inocentes e indefensos y comete agravios salvajes de toda índole a mujeres , niños y ancianos, a los animales, no es la mujer la que roba y codicia y abusa y priva a otros de aquello que necesitan y desean o aman, no es la mujer la que maltrata y aflige.

No es la mujer la que causa el sufrimiento que hay en este mundo, aún y cuando muchos son los que la acusan de la maldad del hombre.

La causa de la maldad del hombre está en sus órganos sexuales y en su mente.

La serpiente tentadora del Edén está dentro del mismo hombre. El hombre fue tentado por su propia serpiente interior.

Estrella de David, simbolizando la caída

Estrella de David, simbolizando la caída

El hombre es un Dios, ávido de poder, codicia, ambición, gloria y renombre.

La mente del hombre tiene la inercia de aquel quién le ha creado, pero a diferencia de Aquel, las creaciones de los Dioses y los hombres son imperfectas y generan sufrimiento y desdicha.

El hombre tiene que volver a su origen, al Tao, al Absoluto, pero para ello debe dejar de ser un Dios y esto solo es posible una vez que ha conocido la miseria, la privación y la escasez y el dolor.

Si los dioses y los hombres no tuvieran límites a sus deseos, jamás desearían regresar a su origen, en donde ya lo tenían todo y no era necesario crear nada más que lo que ya estaba creado.

El Hombre jamás debió pasar el sexto sello de la creación. Ese sello es la estrella de David.

Las estrella de David. Unión de lo masculino y femenino, y símbolo de la creación

Las estrella de David. Unión de lo masculino y femenino, y símbolo de la creación

El tao tiene tres aspectos cuando se manifiesta. Cuando el tao no se ha manifestado, duerme con todos sus hijos, con todas las criaturas y todos forman uno. Luego, el tao se despierta y empieza la creación y el Uno se desdobla en tres, la Tríada Divina compuesta por el Padre, el Hijo y el Espíritu que da vida al hijo. El hijo no es un individuo, el hijo es la suma de todas las criaturas que se manifiestan en todos los planos existenciales. Por ello, ningún ser, ninguna criatura, incluso aquellos que se han alejado en demasía y se han convertido en causa de desdicha, siguen formando parte del Hijo y parte del Padre.

Por mucho que nos hallamos alejado del Tao, seguimos formando parte de él y a él debemos de retornar.

La siguiente manifestación del Tao, después de la Tríada,es el número seis, es el sexto sello, la estrella de David. Ahí todavía se goza de felicidad y las criaturas todavía están bajo la protección del tao y sigue habiendo dicha y libertad, pero ya existe cierto deseo de individualidad, cierto deseo de crear.

El sexto sello, la estrella de David marca el límite que las criaturas y partículas elementales jamás debimos traspasar.

La Estrella de David, simbolizando al Hijo de la creación, al Cristo.

La Estrella de David, simbolizando al Hijo de la creación, al Cristo.

El sexto sello, es un aviso de la dualidad. El que pasa este sello, conoce la dualidad, conoce el bien y el mal.

El que pasa más allá de este sello, sale del Edén paradisíaco de los budas y se adentra en un caos lleno de polvo y materia dispersa al cuál desea darle forma, intentando concebir e imitar el hogar que abandonó.

Es así como empieza la creación física del universo y entonces, la energía se complica y se densifica y nos vamos sometiendo a leyes cada vez más densas y complicadas, en donde ya existe el espacio y el tiempo, en donde ya existen limitaciones y en donde ya no existe la unidad.

Es ahí en donde empezó la loca carrera de los dioses y en su afán de darle forma al espacio empezó a establecer límites sin darse cuenta, para sí mismo y para todos los demás, que un día, formaban la unidad y disfrutaban de dicha sin límite y sin competencia, pues todos eran uno y no existía espacio ni tiempo, ni nacimiento ni muerte, ni sufrimiento ni placer alguno, pues no había percepción pues no había cuerpo, no había forma.

El que traspasa el sexto sello se precipita inevitablemente a planos de manifestación cada vez más densos y su mente es cada vez menos libre y surge entonces aspectos como el miedo y el deseo, que antes no conocía.

Se empieza a tomar conciencia de la felicidad que otrora teníamos, pues antes dicha conciencia no existía. (Las cosas se valoran cuando se pierden, aunque solo sea temporalmente)
Algunas partículas elementales reaccionan y se abstienen de proseguir hacia al abismo de la materia densa e intentan retornar y lo hacen a tiempo, pero la gran mayoría cae y se desdobla lentamente en planos de energía cada vez más densos en donde la posibilidad de retorno es cada vez más difícil.

Es así como se van formando los soles, las galaxias, los planetas… porque las mentes elementales emanadas del Tao intentan darle forma al caos y de hecho lo hacen, pero las creaciones son cada vez más complejas, más densas, existen leyes, tiempo, espacio y mecanicidad. Es así como vamos perdiendo la libertad, precipitándonos a mundos donde ya existe la limitación, existe la percepción, pues ahora ya existe un cuerpo denso. Surge la noción de carencia y entonces, surge el miedo y el deseo que se tornan cada vez más egocéntricos y mas densos y se pierde la noción de la unidad. Surge la competencia, la codicia, la lucha, el deseo de supremacía, el deseo de poder, el afán de acumular, el deseo de ponerle precio y barreras y límites a todo. Surge la idea de sacrificio, de esfuerzo, de trabajo, surge la esclavitud, el abuso, la explotación. Surge la idea de lo mío y de lo tuyo, surge la barbarie y la crueldad.

El hombre bárbaro

El hombre bárbaro

Esta es la historia, la larga historia de los dioses, de la creación y de la caída del hombre.

El hombre actual es, o sigue siendo un dios, limitado y encarcelado, en donde tarde o temprano tiene que conocer el sufrimiento, la limitación, la escasez, la muerte, el renacimiento, la enfermedad… en una rueda cíclica sometida al tiempo cíclico, en donde todo se repite de manera mecánica y en donde el dolor y el sufrimiento, así como el placer son cíclicos y repetitivos e inevitables.

Esta rueda hace que el sufrimiento y el placer llegan a hastiar al ser humano, hasta que un día siente y desea dejar de dar vueltas y más vueltas y desea liberarse y volver su origen. Pero surge la pregunta inevitable ¿Cómo?

Dejemos a los seudo sapientes intelectuales que respondan la pregunta, esos que leen, pero no saben.

La intuición es el mejor camino para obtener respuesta, no el intelecto.

En el budismo,se considera que la mente original de los Budas, la no mente, la mente que otrora tuvimos todos los seres, incluidos los animales, está situada en el corazón, no en el cerebro. La mente cerebral es la mente-ego, la mente yo. Por ello, bienaventurados los pobres de espíritu(los que no tienen la mente cerebral, sino la mente inocente del corazón, la no mente), porque de ellos será el reino de los budas. ¡Alegráos! pues, todas las mujeres, ¡abandonad todos vuestros complejos!, porque estáis más cerca del cielo de lo que podéis imaginar. Refugiáos en vuestro corazón, no imitéis al hombre, no tenéis nada que envidiarle, sino compadecerle y ayudarle. A eso habéis venido al mundo, no para ser como él es. No dejéis que vuestra no mente se contamine, no dejéis que vuestro corazón se altere. En él reside la verdadera sabiduría y la intuición.

Cuando el ser humano tenía la no mente, “la mente no sé”, no sufría por causa de ella, su mente era la expresión constante de armonía y paz. Los seres, por aquel entonces se comunicaban telepáticamente y eran andróginos, macho y hembra, se reproducían a sí mismos, no había hombre o mujer, sino macho y hembra en un solo ser, tal como son los budas. No debemos de confundir al reino de los budas, con el reino de los dioses. Los Dioses son seres caídos, forman parte de los seis reinos inferiores de manifestación del Samsara. Por ello, ningún ser humano debe aspirar a convertirse en un dios, sino en un buda, encarnando dentro de sí los dos aspectos primigenios masculino y femeninos. A los budas se les representa con pechos de mujer, porque son andróginos y poseen la fuerza y la inteligencia del aspecto masculino, a la vez que poseen la sabiduría, la compasión y la ternura del aspecto femenino.Por este motivo, en el budismo se siente un gran respeto por los hombres que tienen rasgos y tendencias femeninas, porque si trabajan en la meditación, pueden alcanzar rápidamente la iluminación, la budeidad. No son objeto de desprecio ni rechazo de ningún tipo, como tampoco lo es la mujer.

La mujer es el espejo en donde el hombre tiene verse reflejado, la mujer es la reflexión del hombre, el ejemplo de lo que el hombre debe ser. La mujer representa la inocencia original del hombre, la parte débil del hombre, la inocencia. De ahí viene que la mujer fue tomada de la costilla de Adán.

La mujer es la puerta y el camino, la mujer es, en sí misma, el Cristo.

 

La Mujer Cristo

La Mujer Cristo

La mujer imitando la estupidez

La mujer imitando la estupidez

 

Dijo el Cristo: Yo soy el camino, la verdad y la vida.

El hombre se afana espiritualmente en adquirir lo que la mujer ya tiene: “Inocencia, bondad y sabiduría”. Eso que la mujer hoy se afana en perder.

 

El hombre buscando la perfección

El hombre buscando la perfección

El hombre humano y compasivo

El hombre humano y compasivo

¿De donde vienen la compasión y el amor sino del corazón?

La inconsciencia

Buscando la inconsciencia y el sueño

 

Escuchad, dioses y hombres: “Nadie llega al Padre sino es a través del Hijo, el Cristo, Tchenresi, el amor y la compasión” “Y nadie llega al Hijo, nadie encarna la compasión y el amor sino es a través de la Madre Cristo y esa Madre está en dos lugares, en el corazón y en vuestros órganos sexuales. No está en la mente, no está en el cerebro, es necesario que suba a nuestro corazón, a través de la buenas obras, la oración, la meditación, la música, la contemplación, el arte y el amor verdadero entre hombre y mujer”

 

La necesidad

La necesidad

Increible

 

¿Cómo es posible que podamos permitir esto, en donde está la humanidad del supuesto ser humano?¿Cómo es posible esto, sino, que realmente no somos seres humanos y que vivimos en un sueño, en donde todo es divertido y placentero y en donde el sufrimiento y la desdicha no existen,  pues son una mera invención para hacernos sentir culpables?

¡Ay de aquel que permanece indiferente a la miseria, al hambre y la pobreza!

Los placeres

Los placeres

 

La rueda del samsara gira y pone al rico y al despiadado mañana, en donde hoy está el pobre y el afligido.

 

La indiferencia

La indiferencia

 

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Acerca de Seoan Judith Nath

Seoan Judith es escritor y practicante de meditación. ¡Escríbenos y participa con nosotros! "elreikisana@gmail.com"
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