En busca de un cambio


La depresión y la necesidad de un cambio

La depresión es algo mucho más común de lo que podamos pensar, porque el ser humano vive un vacío existencial que trata de disimular de todas las maneras posibles, intentando demostrarse a sí mismo que es feliz cuando en realidad no lo es.

El mismo Buda habló de esto y dijo: “Las personas se pasan el tiempo aparentando que son otras personas”

La personas se pasan el tiempo encubriéndose a sí mismas, detrás de una aparente personalidad feliz.

Una persona, deprimida, cansada, débil o enferma, no suele tener mucha motivación para nada; lo más probable es que cualquier cosa lo suponga un esfuerzo enorme y se produzca una situación de abandono.

Por esto, simplemente, no aprovechamos nuestro tiempo y lo perdemos, nos permitimos el lujo de perder el tiempo, como si la vida no importase para nada, como si la vida no tuviese ningún sentido auténtico y la verdad es que esto es muy triste.

Nos permitimos perder nuestro tiempo en cosas que no aportan absolutamente nada y sin embargo, cuando se trata de realizar un esfuerzo en algo que puede ser verdaderamente fructífero para nosotros y para los demás, no hacemos ese esfuerzo, nos cuesta muchísimo.

Esta es una señal de que estamos vacíos y sin motivación para vivir y de que estamos débiles y no tenemos fortaleza ni física, ni emocional, ni volitiva, ni mental ni de ninguna clase. Nuestra voluntad está subyugada a los intereses materialistas de unos pocos que gobiernan a las masas. Lo que sí está claro es que si queremos algo en la vida tenemos que luchar, revelarnos y emanciparnos.

Si una persona quiere mejorar o cambiar algo en su vida, tiene que poner de su parte y si no quiere, es obvio que no es necesario que se mueva en absoluto y haga esfuerzo de ningún tipo. Tenemos que luchar, esto está claro.

Todas las cosas buenas, generalmente requieren de esfuerzo para que fructifiquen, para que crezcan.

No podemos cambiar a mejor e intentar ser más felices si no ponemos de nuestra parte, dejando de lado los malos hábitos y luchar por superar ese vacío, ese cáncer que afecta a casi toda la humanidad.

Es obvio que necesitamos ayuda, orientación, guía porque por sí solos es muy difícil tener motivación y tener una disciplina que nos permita fortalecernos y dejar lo rancio atrás.

Por eso es bueno salir, caminar, fortalecerse, recuperar la salud, alimentarse bien, descansar bien, tener buenos hábitos y dejar los malos hábitos y para ello, a veces, no queda más remedio que dejar a quienes no nos ayudan a realizar este cambio y procurar la compañía o relación con personas que buscan lo mismo que nosotros necesitamos porque, además es ahí en donde encontraremos el apoyo y la motivación y la ayuda que necesitamos.

Si estamos solos, será muy difícil, y si estamos mal acompañados, será peor.

Tenemos que tomar decisiones en la vida, decisiones determinantes para poder salir adelante y dejar las anclas que nos sujetan al fondo del vacío en donde vive inmersa la gran mayoría de la gente.

No podemos permitirnos dejar que nuestra vida se extinga sin haber logrado algún propósito noble y útil. No podemos permitir que nuestra vida se extinga anclada a fondo del vacío existencial de toda la sociedad, al vacío existencial de los amigos, de la familia o de los camaradas del trabajo o de la pareja de turno, ni a las costumbres y tradiciones rancias del pueblo, región o lugar en donde vivimos.

No podemos anclarnos al qué dirán y a otras anclas sutiles, emocionales, psicológicas o físicas. No podemos permitirnos formar parte de este suicidio colectivo. No, no podemos permitirnos este lujo, no le haremos ningún favor a nadie haciendo esto.

Tenemos que tomar decisiones en contra de nosotros mismos y en contra de lo que sea necesario para tomar el rumbo de nuestra existencia para lograr algún día algún tipo de fruto.

Lo mismo que la vida de una planta ¿Qué sentido tiene nuestra vida si no damos algún tipo de fruto?

Nosotros somos más que una planta, más que un animal y tenemos que dar muchos tipos de frutos, pero no damos ninguno. Esta es nuestra realidad.

18/04/2014

Seoan Judith Nath

Manuel Vázquez

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La ignorancia y el amor


La ignorancia, el amor y la salvación.

Mucho se habla del amor y del perdón, pero ¿Que es el amor?

El amor es la ausencia de odio, de rencor, de celos, de envidia, de miedo, de aversión, de fobias, de complejos, de ignorancia, el amor es la ausencia de maldad y de ignorancia y la ausencia de maldad conduce a la felicidad, al Nirvana.

El odio y el miedo son la antítesis del amor y estos son solo posibles cuando hay ignorancia y la ignorancia es el desconocimiento de uno mismo, la falta de comprensión de uno mismo que nos lleva a la intolerancia, al juicio, a la condena y a la culpabilidad de uno mismo y de los demás. La ausencia del odio y del miedo conduce a la felicidad, a la ausencia de maldad y la ausencia de maldad, que es fruto del odio y del miedo, que son fruto de la ignorancia, nos conduce a eso que llamamos amor. Por tanto, solo es posible sentir amor, paz y felicidad si nos liberamos de la ignorancia, cuyo sustento es el desconocimiento de uno mismo, la incomprensión de uno mismo y por tanto, el juicio y la culpabilidad de uno mismo y de los demás.

Cuando una persona está llena de odio y miedo, inevitablemente se siente culpable y siente rechazo y aversión hacia sí mismo y hacia los demás. Cuando uno comprende las causas de su odio y de su aversión hacia los demás y hacia sí mismo, se comprende a sí mismo e inevitablemente, de esa comprensión, surge la llave de la compasión y del perdón, los cuáles son la llave de eso que llamamos amor. Por tanto, no puede existir amor verdadero si no hay comprensión, luz dentro de nosotros, si no hay comprensión del origen del miedo y del odio.

Si no existe esa comprensión, hablar de amor es solo soñar con el amor, hacer marketing espiritual, hipocresía espiritual.

El amor surge de la comprensión y de la pacificación de uno mismo, los cuáles dan paso al nacimiento de la compasión auténtica, que en sí misma es perdón, misericordia. Sin ese perdón, sin esa misericordia que nace de la comprensión y el reconocimiento del odio y el miedo y de sus causas, no es posible sentir verdadero amor ni felicidad alguna de forma verdadera y auténtica.

Pero, ¿Cuáles son las causas del odio y del miedo? Las causas son los traumas, la brutalidad inducidos por alguien ausente de comprensión de sí mismo, lleno de ignorancia, hacia alguien a quien desea ejemplarizar y corregir, sin ningún tipo de amor.

La causa de los traumas y la brutalidad son el maltrato físico y psicológico que ejercemos hacia los demás, en un intento de enseñar o ejemplarizar a los demás con una gran dosis de nuestra ignorancia y falta de comprensión de sí mismos.

La brutalidad y el maltrato físico y psicológico causan traumas, frustración, miedo y complejos de inferioridad en el ser humano que son la llave de eso que llamamos miedo y aversión, rencor, celos, odio, envidia…

La incomprensión de esos miedos, rencores, celos, odio, complejos de inferioridad, frustraciones…es ignorancia.

El odio y el miedo se combaten  con el deshacimiento de la ignorancia y la ignorancia se combate con la comprensión de uno mismo.

No debemos de caer en el error de creernos compasivos y llenos de amor sin habernos comprendido a nosotros mismos en profundidad, sin haber reconocido dentro de nosotros, el miedo y el odio. Esto es también ignorancia, orgullo.

El orgullo es ignorancia, es consecuencia del desconocimiento de uno mismo y es precisamente el orgullo lo que hace que deseemos ejemplarizar a los demás de manera brusca y traumática, o de manera hipócrita.

Ejemplarizar a los demás, enseñar a los demás está muy bien, es una de las maneras  de deshacer la ignorancia con que nacemos. Es inevitable y necesario enseñar y ejemplarizar a quién no sabe, es loable deshacer la ignorancia de los demás, pero nunca con brutalidad, con violencia, aunque a veces sí sea necesario cierta firmeza y determinación en algunos casos en los que la ignorancia está tan arraigada dentro de un individuo, que la compasión solamente no es suficiente para enseñarle.

Para enseñar correctamente, debemos de hacerlo con compasión, sabiduría y cierta dosis de autoridad y determinación, pero esta autoridad no debe estar dirigida por la fuerza bruta, sino, por la propia sabiduría.

La compasión sin sabiduría puede caer en complicidad del error y de la ignorancia.

Este es la causa por la que hoy quiera enseñarse a los hijos, sin inculcarles ningún tipo de disciplina, valor o ética y se abandone su educación a su libre albedrío. Las consecuencias de esto son falales y no resultan para nada, en beneficio de evolución alguna. Creen los padres que de esta manera, al no causar ningún tipo de frustración no se generan complejos de inferioridad, pero no es cierto, pero por desgracia, se genera la antítesis, que es el orgullo, el engreimiento, complejos de superioridad y una ausencia total de valoración de las cosas que tenemos, porque no han sido obtenidas con esfuerzo alguno. Todo se obtiene con tan solo pedirlo a papá y a mamá.

Bien, por último, decir, como síntesis, que no puede existir amor si no existe el perdón y no se puede perdonar si no comprendemos el origen de nuestros traumas y complejos de inferioridad y superioridad.

Sin comprensión de uno mismo no puede surgir el perdón hacia uno mismo y hacia los demás y sin ese perdón, no puede uno curarse de ninguna enfermedad, porque el origen de cualquier malestar es el odio y el miedo y ambos son hijos de la ignorancia, del desconocimiento, de la incomprensión de uno mismo y de los demás.

Decir también, que la comprensión de los demás no es posible sin la previa comprensión y aceptación de uno mismo.

Todo esto es como un pez que se muerde la cola, no es fácil determinar cuál es la causa o el efecto, cuál es el origen y cuál la consecuencia, pero sin lugar a dudas, para simplificar diremos que:

Todo es origen de la ignorancia, de la falta de conocimiento de uno mismo. Todo error deviene de ahí, todo atropello hacia uno mismo y hacia los demás devienen de ahí, todo maltrato y todo error devienen de ahí, toda intolerancia deviene de ahí, todo juicio y condenación y culpabilidad devienen de ahí.

Como dijo Jesús: “La Verdad os hará libres”   “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” “Yo soy el camino, la verdad y la vida”

“No seáis como ciegos quías de ciegos”,” ¡Quita la viga de tu ojo primero y luego, quita la paja del ojo de tu hermano!”

He aquí las palabras del gran Maestro, palabras que no entendimos ni deseamos entender.

“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

Por último, las sabias palabras del Dalai Lama:

“Esa oscuridad interior que llamamos ignorancia es la raíz del sufrimiento (propio y ajeno). A mayor luz interior, menor oscuridad. Esta es la única forma de alcanzar la salvación”

Dalai Lama.

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No existe salvación sin perdón y no existe perdón sin comprensión de uno mismo y no existe comprensión de uno mismo si no existe interiorización, reflexión, auto observación, meditación.

La iluminación de la mente es un deshacimiento gradual de la ignorancia, fruto de la comprensión gradual de uno mismo.

Si alguien pretende sentir amor sin reconocer ni comprender su propio odio, su aversión y sus causas, los cuáles son el miedo y los traumas y los complejos derivados, es un hipócrita, es un niño lleno de ignorancia, que sueña, pero nada más.

La meditación o la escucha del Maestro iluminado, puede llevarnos a la comprensión de nuestros miedos y de nuestro odio, de nuestra ignorancia.

Sin la comprensión de nuestros miedos, de nuestro odio y de nuestra ignorancia, no es posible alcanzar salvación alguna.

Nadie puede salvarse si no abandona la condenación de todos aquellos a quienes ha juzgado y condenado y para ello se necesita el perdón. No existe perdón sin reconocimiento de la verdad del odio y del resentimiento y del temor dentro de uno mismo.

Si alguien desea ser perdonado, no tiene más remedio que abandonar su propio odio y aprender a amar.

Si alguien desea saber lo que es el amor, lo más parecido que existe aquí en la tierra parecido al amor, es el amor que siente una madre hacia su hijo único, amor incondicional sin límites, capaz de aguantarlo y perdonarlo todo a  su hijo, por amor a este.

Así también debemos nosotros llegar a amar a cada ser, a cada criatura, a nuestro prójimo,  a la humanidad.

“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

El reconocimiento y comprensión de  la maldad, del odio en uno mismo no es agradable, generalmente está acompañado de sentimientos de culpabilidad, de juicio y condenación hacia uno mismo. Eso ocurre como consecuencia de la inercia que tiene nuestra propia mente por el hábito contraído de condenar y juzgar, en vez de comprender y perdonar.

EL descubrimiento de uno mismo suele estar acompañado de dolor y tristeza, cuando en realidad debería estar acompañado  de júbilo, de cierta alegría, de esperanza.

Para evitar esto, la comprensión de uno mismo debe estar regulada por una gran dosis de serenidad, de pacificación de la mente, de lo contrario la reacción es  de temor y culpabilidad, y por tanto, de condenación hacia uno mismo. El juicio y la culpabilidad es precisamente  una consecuencia más de nuestros profundos complejos, los cuáles deben desaparecer.

Los complejos desaparecen gradualmente a medida que profundizamos en el descubrimiento y la comprensión de nosotros mismos en un estado también  gradual de serenidad, que surge como consecuencia de la pacificación mental y de la no identificación que produce la meditación.

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Sin la pacificación del cuerpo y de la mente, no sería posible comprender con objetividad, sin juicio ni identificación alguna, nuestros más profundos complejos, miedos, obsesiones, aversiones, manías…por eso es tan importante que aprendamos a relajar el cuerpo, la mente y las emociones, todo está unido de alguna manera.

El descubrimiento de uno mismo debe estar acompañado de un estado gradual y cada vez más creciente de serenidad y relajación. Sólo en ese estado es posible estar en paz y desear paz a los demás y sentir amor y compasión.

Si uno no experimenta paz no podrá desear paz a los demás.

Debemos de aprovechar los momentos de paz para desear paz a los demás. Al desear paz a los demás, esa paz vuelve a nosotros multiplicada. Lo que uno da, de una u otra manera vuelve a nosotros. Lo que uno se guarda para sí, no se multiplica.

Si uno desea paz, obtiene paz, si uno desea curación y perdón para los demás, obtiene curación y perdón también para sí. Lo que uno desea a los demás es lo que obtiene.

Al principio esa paz es solo por momentos, pero poco a poco se va estableciendo de forma permanente, hasta que llega el momento en que uno no para de desear y dar paz y serenidad a los demás, pero mientras tanto hay altibajos, eso es totalmente normal y no debemos aferrarnos a ningún estado, porque son temporales y todo pasa.

La meditación nos adiestra en el arte de la no identificación y en el arte del no aferramiento.

El método que hayamos elegido para liberarnos tiene que tener un poco de dolor y también alegría, es inevitable. Poco a poco, el dolor va perdiendo peso y la felicidad y la alegría toman su lugar, hasta que un día logramos un estado permanente de serenidad.

El camino de la liberación es como una rosa llena de aromas, pero para tenerla, es necesario manejar las espinas. Así es el camino.

Ansiar la rosa, sin antes recorrer con nuestras manos el tallo lleno de espinas, es como querer alcanzar el cielo sin arriesgarse a volar.

“El loto surge del fango y en agua limpia no crecen peces”   Proverbio Zen.

Debemos de huir de todo aquello que promete una salvación sin esfuerzo de ningún tipo, sin algún tipo de sacrificio o padecimiento, sin ningún tipo de renuncia.

Nadie puede liberarse de la ignorancia, del odio y de los complejos y del karma si no comprende su propia oscuridad y la sustituye por luz, por comprensión.

Ese es el camino de la salvación. Este camino está más allá de un simple sofá y de una simple pantalla de televisión o de un ordenador y aún mucho más allá de los apegos personales hacia la familia, los amigos y las posesiones personales…esta es la parte de las espinas de la rosa que anhelamos algún día tener en nuestras manos, esta es la parte que no nos gusta del camino espiritual.

En general, lo único que el ser humano desea es vivir sin complicaciones, pero la realidad demuestra que si no hay complicaciones no surgen los aspectos más oscuros de uno mismo  y no es posible ponerse a prueba y conocerse a uno mismo en unas condiciones siempre favorables.

Por eso debemos de aceptar las dificultades como un medio de ejercitamiento  y no como algo a vencer para lograr la felicidad.

La felicidad es un estado que se logra cuando logramos estar serenos y en paz, sin miedo ni desesperación, sea cuál sea la situación exterior en la que nos veamos envueltos.

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Si las condiciones externas son siempre ideales, no podríamos descubrir el miedo, la rabia, el pánico, el odio, la codicia, la ambición, la envidia, el deseo…y sería fácil caer en una hipocresía espiritual.  Aún y teniendo dificultades, es fácil caer en esa hipocresía.

Una persona con dificultades en la vida tiene más oportunidades de dar buenos frutos a nivel espiritual, que una persona que no las tiene, de la misma manera, que una persona que va un gimnasio obtendrá una buena fortaleza física debido al esfuerzo de superar el peso que impone a cada uno de sus músculos.

En agua limpia no crecen peces. Sin obstáculos no hay esfuerzo ni buenos resultados.

Que esto sirva de esperanza (no de consuelo), para aquellos que consideran que lo están pasando mal,  o para aquellos que  se vean mal a sí mismos, para aquellos que se sienten enfermos, desvalidos…

Como dijo el Maestro: “Afortunados los pobres de espíritu, porque de ellos será el reino de los cielos” “No he venido a salvar a justos, sino a pecadores”

El karma, aún y cuando pueda ser malo para alguien, es el caldo de cultivo para seres evolucionados que algún día tendrán su merecido descanso, después de haber ayudado con su experiencia a infinidad de seres.

Palabras  del Maestro.

Amén.

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El Maestro de la Compasión y el perdón

Seoan Judith Nath. Miércoles 4 de mayo de 2016.  07:46  Am

 

 

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